Soledad en los adultos mayores

Soledad en los adultos mayores

El ser humano no está hecho para la soledad. Somos seres sociales que necesitan vivir rodeados de otras personas. Lo cual no quita que, en ciertos momentos, deseemos estar a solas con nosotros mismos. En este punto cabría diferenciar ambos tipos de soledad: la soledad no deseada implica aislamiento, mientras que la soledad deseada se relaciona con la autonomía y la intimidad.

El diccionario de la Real Academia Española define la soledad como la “carencia voluntaria o involuntaria de compañía”. Profundizando un poco más en lo que el concepto implica, podemos decir que la soledad (no deseada) es entendida como la falta de contacto con otras personas que puede derivar en angustia, sentimientos de malestar, de abandono. La soledad tiene efectos perjudiciales tanto para la salud mental (ansiedad, depresión, insomnio, abuso de sustancias) como para la salud física (mayor propensión a enfermar). Cabe decir que la soledad es una de las principales afecciones o quejas entre los ancianos.

Numerosos estudios en el campo de la psico-gerontología indican que la soledad puede considerarse, en algunos casos, como una señal patológica. Del mismo modo, hallan cierta relación entre la soledad (junto a otros factores) y el suicidio.

¿Cuáles son los factores que causan el sentimiento de soledad? Muchas son las variables que pueden llevar al aislamiento social, entre las que se encuentran la propia edad, la viudez o el divorcio e, incluso, la genética.

En cuanto a la otra cara de la moneda, hablamos de la soledad deseada, ésta reporta numerosos beneficios para la persona. Puesto que es una elección del propio individuo, se utiliza cuando se quiere estar “a solas con uno mismo“, reflexionar, leer un libro o relizar cualquier otra actividad de forma individual y que le reporta una sensación placentera o de bienestar. También ayuda a apartarse durante un tiempo del ajetreo o del agobio que pueden producirse por estar con otras personas.

Llegados a este punto, también podemos realizar otra distinción, en este caso diferenciamos entre soledad objetiva y soledad subjetiva. La primera hace referencia a la soledad como un hecho constatado, visible al ojo de cualquier observador; la soledad subjetiva, por otro lado, se refiere a la paradoja de que, aún estando una persona rodeada de gente, ésta se siente sola, esto es, se refiere a la percepción que tiene la persona sobre su situación.

Una recomendación para evitar el aislamiento social es ampliar la red de amigos, participar en actividades y eventos colectivos, realizar voluntariado, hablar con otros y escucharlos. Incluso los animales de compañía pueden ser muy buenos combatientes de la soledad.

Extraído de:  psicologiaparamayores.blogspot.com

Gericare – Llevamos salud al adulto mayor (www.gericare.pe)